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La importancia de no hacer nada

Practica el nesting, huye del teléfono un fin de semana o no llenes tanto tu agenda: serás más feliz. 

Amaya Lacarra
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Sophia Loren

"No me da la vida", "es que no tengo tiempo", "no llego"... ¿Cuántas veces oyes ese tipo de frases –o las has pronunciado tú misma– a lo largo del día? No solo nos quejamos de la carga laboral o de las obligaciones con la universidad, sino que también nos encargamos de llenar, con lo que sea, las 24 horas del día: la sesión en el gym, un café con tus amigas, todo lo que tienes que hacer para el viaje de fin de semana, o cualquier recado que tú misma te inventas en el último momento. Si llega una tarde en la que no tienes ningún plan apetecible a la vista (o lo que es aún peor, un finde), empiezas a visualizarte como Bridget Jones sentada en la cama y comiendo helado. Warning: el fracaso y la soledad están llamando a tu puerta. ¿O no?

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Nada más lejos de la realidad. Es más, cultivar (a solas) tu interior es bastante más importante que esforzarte por mantener tu agenda llena. La psicóloga Alicia Banderas, autora del libro Niños sobreestimulados, nos advierte que "hay una gran alergia a la paciencia, al aburrimiento y a la soledad y una sensación de vacío interior si no estás permanentemente haciendo cosas. No se toleran estos estados tan naturales y sanos psicológicamente". Como antídoto, "las personas suelen llenar su vacío con amor, con una vida social intensa, machacándose en un gimnasio o con la comida, para muchas veces no pensar", explica.

Es decir, cuando más llena esté tu vida (da igual que sea de banalidades), en mayor chica de éxito te has convertido. De lo contrario, "parece que tienes una vida poco emocionante o anodina", añade la experta. Y sin embargo, los estudios demuestran que detrás de toda esa maraña de actividad, en muchísimas ocasiones, "lo que se detecta es tristeza, hastío, ansiedad, desilusión o desmotivación", comparte Alicia. ¿Otro recurso muy utilizado? Dejarnos la piel por solucionar los problemas de los demás. Ojo: no está mal tener una vida activa, socialmente rica y ayudar al de en frente, pero el problema comienza si utilizas estas formas de vida como recurso de distracción, cuando cualquier cosa es válida con tal de no enfrentarte a tus propios miedos

¿Dónde está entonces el peligro? Alicia destaca que "un autoestima basada solo en los logros, en el éxito social y económico te hace vulnerable porque no siempre eres un 10". Desde niños, hay un afán desmesurado "por sobreestimular a los pequeños, para que sean más brillantes llenándoles de actividades (extra escolares, idiomas, etc), con verdaderas 'agendas de ejecutivos', cuando lo que realmente necesitan son unos padres que les permitan explorar su innato espíritu creativo, y se respete el ritmo del niño sin quemar etapas", comparte Alicia.

Y lo mismo ocurre con los adultos. ¿Qué empeño tenemos por vivir deprisa? ¿Acaso esto va a hacer que saboreemos nuestro día a día más y mejor? Nuestra psicóloga asegura que no, "que es mucho mejor vivir la vida a fuego lento, y desde dentro", una teoría quizá muy manida que nos sabemos todas pero que sin embargo, cuesta mucho poner en práctica. Aquí tienes ocho pistas de experta para conseguirlo: 

1. - Pregúntate (de verdad) qué es lo que quieres en tu vida. No descanses hasta averiguarlo.

2. - Si tienes una rutina demasiado intensa, plantéate si hay algo que estás tratando de evitar (¿miedo a la soledad? ¿Baja tolerancia al aburrimiento? ¿Dependencia emocional?).

3. - Habla de las emociones y exteriorízalas para no enmascararlas a través de una actividad frenética.

4. - En un mundo hiperconectado y donde la información nos abruma, practica el nasting, es decir, el 'dolce far niente' al menos, un día a la semana. No hagas nada y aléjate de la tecnología. Es una buena forma de pisar tierra, de volver a la realidad.

5. - Si tienes primeros síntomas de ansiedad o estrés, inquietud, sensación de no llegar a nada, etc, reflexiona sobre si ese ritmo de vida te compensa. 

6. - Elige un hobby que se te dé bien y te dé alegrías porque ahí encontrarás el verdadero sentido de la autorrealización.

7. - Haz una introspección más profunda y piensa en qué te hace sentir bien: es muy común que encuentres muchas en las que antes no te habías parado a pensar.

8. - Al final, se trata de aceptar lo que ves, ¡y valorar lo que tienes!

Y es que, ya sabes eso tan conocido que dice que "para estar bien con los demás, primero debes estar bien contigo mismo", y para conseguir esto último, el camino no es acumular actividades de lunes a domingo en sociedad. Esto te podrá dar un 'chute' de autoestima en el momento, pero como verdaderamente vas a alimentarla, es "disponiendo de calma y sosiego para conocerte", apunta Alicia Banderas. Solo así estarás en disposición de saber qué le hace feliz a esa niña que hay en ti. 

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